
jueves, 12 de marzo de 2009
Don't go away

martes, 10 de marzo de 2009
Capítulo 1: Falsa felicidad

Mis zapatos están mojados, fue lo primero que dijo al entrar. Estaba completamente empapado por la repentina lluvia limeña, era verano. Lluvia de verano, pensé. ¿Qué hermoso día no te parece? El golpe me volvió a la realidad, era imposible que para alguien como él aquel día fuera hermoso. ¿Me crees idiota? Llego aquí empapado por esta maldita lluvia y lo único que pido es que me des algo de comer, algo que por supuesto compré con mi dinero. No pudo dejar de resaltar esta última frase, mi dinero, me hubiera encantado contestarle, decirle, que bien podría yo trabajar o largarme si eso era lo que quería, pero no lo hice, no pude, porque era débil.
Mírame cuando te hablo, me gritó fuertemente al oído. Su voz resonó una y otra vez en mi cabeza, entonces me di cuenta que había caído, justo lo que él quería. Estaba allí tendida sobre el frío suelo de la cocina, a sus pies, ¿era así como querías verme? Eres un cobarde, atiné a pensar en aquel momento de angustia.
Traté de disimular con maquillaje y algo de base la enorme hinchazón que hacía a mi ojo parecer una papa cocida. Todo por el bien de Gabrielita, me dije a mí misma tratando de convencerme de mi estúpido actuar y mi falsa felicidad. Me puse los lentes negros y salí por la puerta llevando a Gaby de la manito. ¿Mami, qué te paso en el ojo? Era una niña a fin de cuentas, qué podía ella saber de golpizas y moretones. Nada hijita, solo me choqué con la puerta, ya se me pasará. Gaby sonrió, con esa sonrisa que me hacía recordar por qué soportaba tanto, por qué nunca me le enfrentaba, por qué no me decidía a decir la verdad. La dejé contenta y tranquila en el nido. Ojala nunca acabes como tu madre, cariño.
lunes, 9 de marzo de 2009
Un cuento sobre la luna y el sol

Aquella noche la luna dormía, ¿habrá salido con el sol? Lucy quiso creer eso, qué imaginación la tuya, sabías que no era cierto, sabías que el sol no saldría jamás con la luna, sabías que aquella estrella, la de Belén, le robó a la luna su único compañero. Entonces dónde está te preguntaste, por qué no salió hoy. Mamá dime la verdad, ¿la luna no saldrá hoy, cierto? Pero tú ya sabías que no era cierto, tú ya sabías que el sol no estaba enamorado de la luna, que para el sol solo existía una luna y esa era Belén. Pero mami, el sol no está enamorado de la luna, replicaste, creíste que ella te escucharía, que le importarías aunque sea un poquito, que te respondería, que dejaría de evadirte. No Lucy, no lo pienses, solo duerme, solo inténtalo, solo evádela. El sol salió, ya era de día. Pero sabías que todo seguiría igual, que para ella no existirías. Lucy ¿por qué la quieres tanto? Te preguntaste. Ella no es tu madre, pensaste, una madre es la que escucha, la que entiende, la que cuenta cuentos en las noches, y te sorprende cada día con nuevas historias aún más increíbles que las del día anterior. Ahora ella dormía, dormía como nunca, mami por qué no despiertas, mami qué te pasa. Intentaste despertarla, la moviste de un lado a otro, gritaste su nombre muchas veces, qué te pasa mamá, mamá despierta, mamá el colegio, mamá tu trabajo, mamá te quiero. Creíste que te escucharía, creíste que ahora sí entendería. Mami estoy aquí mírame. La cogió entre sus brazos, Lucy lloró. Había sido ella Lucy, ella quien te contó el cuento de la luna, el sol y la estrella. Había sido ella, quien aún estaba ahí, quien aún respiraba. Lucy qué había pasado contigo, dónde estabas, por qué no te veía. Miró sus manos, cubiertas de sangre, su rostro demacrado por la enfermedad. El cáncer te había devorado. Tal vez era por eso que no te veía. Porque la muerte había arrasado contigo y con su pequeña, con aquella que mamá aún soñaba.
domingo, 8 de marzo de 2009
Broken
Rompo esta carta, no quiero dejar de escribirtesábado, 7 de marzo de 2009
Solo un deseo

Hoy quiero brindar por tu ironía
por tu osadía, por mi tristeza
por las ganas nulas de volar
por el recuerdo imborrable
del adios que aun no olvido.
Hoy quiero saltar del precipicio mas alto
a ver si al aterrizar decides salvarme,
a ver si al final puedes recordarme,
a ver si mi mirada te dice algo
del perfume que le regalaste.
Hoy quiero decir, gritar, susurrar mil cosas
cosas que quiero entender, comprender, preguntar
quiero que me digas, grites, preguntes sobre mí,
sobre ti.
jueves, 5 de marzo de 2009
Capítulo 5: Camino a algo mejor

Con el dinero podría haber hecho miles de cosas pero Alberto, valientemente, decidió dejar todo aquel fajo en la tumba de su esposa. Rebeca, el cartero vino hoy dijo que la respuesta que tanto anhelabas estuvo siempre en un buzón cercano. De pronto el deprimido esposo rompió a llorar, lanzando el más terrible grito de rabia que se pudo escuchar jamás en aquel pueblo. La pequeña Sofi lo miraba indiferente, sin si quiera inmutarse, cualquier otro niño lo hubiera hecho pero no Sofi, ella era especial. Sus ojos, casi dormidos, no mostraban asombro alguno, pero había algo, algo en aquella indiferencia que hacía de su mirada extraña, al punto que muchas veces sus padres no reconocían a la dulce niña que solía sonreír constantemente.
Es hora de continuar. Dijo Alberto, mostrando firmemente su decisión. Cambio de planes, iremos a visitar a una tía muy querida. Cogió a la pequeña de la manito y juntos enrumbaron un nuevo destino, tal vez bueno, tal vez malo, pero siempre juntos.
¿Sabes? Mamá adoraba los chocolates rellenos de fresa, decía que eran lo más cercano al sabor de las rosas. ¿Y mami donde está? Ella está… en un lugar mejor. ¿En casa de tía Esperanza? Alberto bajó la mirada, ¿Hasta cuando seguiría mintiendo? Si hijita, tal vez allí la encuentres. Los ojos de Sofía parecieron alumbrar por un momento su constante sueño. Ella estaba feliz, era feliz.
